WITTGENSTEIN



CONOCIMIENTO


 La obra principal del “primer” Wittgenstein es el “Tractatus Logico-Philosophicus” y las del segundo los “Cuadernos azul y marrón” y las “Investigaciones filosóficas”. El primer Wittgenstein se suele incluir, aunque de un modo un tanto forzado, en el movimiento neopositivista y al segundo Wittgenstein se le considera uno de los fundadores de la filosofía analítica. En cuanto a las diferencias principales entre las dos etapas, las podemos encontrar en la valoración del lenguaje ordinario: el Wittgenstein del “Tractatus” consideró que este lenguaje es imperfecto pues esconde su estructura lógica, y se preocupó por mostrar que era posible rescatar esta estructura y expresarla en un lenguaje ideal que no tuviese los defectos del lenguaje corriente. En su segunda época, Wittgenstein no ve el lenguaje ordinario como imperfecto, rechaza la teoría pictórica del significado y la visión esencialista del significado y del lenguaje. No existe “el lenguaje”, existen muchos lenguajes, tantos como formas de vida; cada forma de vida da lugar a un juego de lenguaje, con reglas y objetivos propios. Entre los juegos de lenguaje existen sólo ciertos parecidos de familia, no una esencia común.



 EL PRIMER WITTGENSTEIN

 El neopositivismo es una forma sofisticada del empirismo de Hume. En este autor encontramos ya, aunque de un modo rudimentario, lo que después, en nuestro siglo, los neopositivistas llamarán “criterio empirista de significado”. Recordamos que Hume nos presenta un procedimiento para evaluar nuestras ideas: si descansan en una impresión son legítimas, en caso contrario serán fantasías carentes de fundamento También debemos recordar que Hume consideró adecuado este procedimiento para la comprobación de los conocimientos o supuestos conocimientos que se refieren a las cosas del mundo, a la realidad, pero no para aquellos otros que, sencillamente, tratan de nuestras ideas y de las relaciones entre ellas, cuya legitimidad se decide por su fidelidad a los principios de la lógica. Wittgenstein depura estas tesis humeanas expresando con precisión lo que este autor parecía sólo sugerir. Para Hume solo se puede conocer lo que se puede percibir, para Wittgenstein sólo se puede conocer lo que se puede percibir, y, además, y ésta sería la novedad, aunque ya apuntada por Hume en algunos textos, sólo tienen sentido aquellas proposiciones que se refieren a cosas que se puedan percibir. El criterio empirista del significado quiere ofrecernos reglas para comprobar si nuestras proposiciones tienen sentido o son insensateces, sinsentidos. Una proposición tiene sentido si cae en alguno de estos dos grupos: a) es una proposición analítica o tautológica; b) es capaz de ser confirmada por la experiencia. En el primer grupo se incluyen proposiciones del tipo “el triángulo tiene tres ángulos” y todas las proposiciones de la matemática y la lógica; en este punto es preciso tener cuidado pues aunque para el conjunto de filósofos incluidos en el neopositivismo tienen sentido, para Wittgenstein no es así: las proposiciones de la lógica y la matemática no son sinsentidos (no son absurdas ) pero carecen de sentido (no denotan nada existente empírico). En el segundo grupo se incluyen todas las proposiciones que se refieren a hechos, tanto las del conocimiento de la vida cotidiana (“las fresas de Aranjuez son de las mejores de España”) como las que se incluyen en las ciencias naturales. A esto lo llamó Wittgenstein la teoría isomórfica de la realidad. Las proposiciones figuran la realidad. Si aceptamos este criterio de significado, la consecuencia es que gran parte de las proposiciones que encontramos en la filosofía tradicional no son correctas; pero es importante destacar la radicalidad de esta crítica a la filosofía tradicional: no se declara que la filosofía tradicional sea falsa sino absurda. Para que un enunciado sea falso tiene que tener sentido, sólo de las proposiciones con sentido cabe decir que son falsas o verdaderas: si digo “mi mechero está encima de la mesa” esta oración es falsa pues no está encima de la mesa, pero no es absurda. Si digo “mi mechero está encima del número pi” esta frase no es falsa, es absurda. Decir de una oración que es absurda es más grave que decir que es falsa puesto que cuando es sólo meramente falsa se indica también que lo descrito en la proposición es posible, que de hecho no se da pero es pensable que se dé: de hecho mi mechero no está encima de la mesa, pero puede estar encima de la mesa; sin embargo, el mechero no está ahora encima del número pi pero no puede estarlo jamás. ¿Cómo sabemos si una proposición tiene o no sentido? Los neopositivistas creyeron que ello se decide por la posibilidad de su comprobación: si podemos verificar o comprobar lo que dice la proposición, entonces dicha proposición tiene sentido, en caso contrario no lo tiene. Conviene también fijarse en que la comprobación que ellos aceptan es una comprobación empírica, pues podríamos aceptar que una oración tiene sentido si se la puede verificar y, a la vez, creer que existen otros modos de verificación distintos al propuesto por positivismo lógico (por ejemplo, si creyésemos en la telepatía o en tipos peculiares de intuición, incluso en la intuición mística) lo que nos llevaría a aceptar proposiciones que el neopositivismo de ningún modo estaría dispuesto a compartir. Para Wittgenstein nuestras concepciones del mundo son enunciados que proceden de proyecciones (imágenes, representaciones) o de proposiciones construidas a partir de fundamentos lógicos. Existe por lo tanto lo inexpresable, no lo que nuestro pensamiento no puede aprehender fácilmente, o lo que nuestro lenguaje no puede exponer claramente: “es el elemento místico”. Pero el sinsentido, como forma hábil, puede ser útil para producir sentido, “Tiene, por así decirlo, que arrojar la escalera después de haber subido por ella” (siendo la escalera el sinsentido). Esta forma de pensar dio lugar a un corriente filosófica, el Circulo de Viena a la que Wittgenstein nunca quiso adherirse.




 EL SEGUNDO WITTGENSTEIN

 Las tesis más revolucionarias de Wittgenstein consistió en afirmar que el significado de una expresión solo podría a comprenderse a través de su uso. Con ello corrigió que el lenguaje solo servía para figurar la realidad. De hecho el lenguaje posee una infinidad de usos que habían sido considerados por la tradición como importantes desde un punto de vista filosófico. El lenguaje, en su uso concreto, muestra un rostro más variable y su aprendizaje requiere de un contexto social. Para Wittgenstein, saber hablar un lenguaje consiste en dominar una serie de juegos lingüísticos. Ahora bien, en las investigaciones constató la existencia de múltiples juegos del lenguaje: ordenar, obedecer, describir, rogar, explicar, exigir, son claros los ejemplos de juegos lingüísticos. Para Wittgenstein no existe un único uso del lenguaje ni tampoco un uso fundamental del lenguaje. Por estableció que entre los diferentes juegos del lenguaje solo un existe un parecido de familia, pero nunca una característica esencial que los defina. Para Wittgenstein, la nueva función de la filosofía es, antes que elaborar teorías acerca de la realidad o intentar resolver problemas filosóficos, la aclaración de conceptos, de tal manera que se comprenda que no está frente a un enigma filosófico que hay que resolver. Este nuevo enfoque de actividad filosófica supone un trabajo de demarcación entre lo que se puede decir y lo que no se puede decir. Si los problemas filosóficos aparecen en el horizonte gracias a una mala comprensión del funcionamiento del lenguaje, entonces la filosofía seria una especie de terapia de liberación de las trampas que tiene el lenguaje. De esta forma, mostrar que una expresión carece de sentido, es equivalente a mostrar que su uso, en un juego concreto del lenguaje, no es posible, pues, una vez establecido el contexto adecuado para el uso de una expresión, debería ser posible mostrar que otro uso de tal expresión es en realidad un uso impropio no permitido por las reglas del juego lingüístico que muestra existencia de una gramática profunda. Wittgenstein fue considerado uno de los críticos más radicales de la filosofía tradicional al sostener que la filosofía, es en definitiva, no es una teoría. La filosofía simplemente es una actividad de aclaración lógica o conceptual. Su papel no por ello deja de ser importante, pues en muchos casos es mas valioso saber que los filósofos no están frente a un genuino problema filosófico, sino mas bien a un pseudoproblema que habría que resolver.

 ÉTICA


 En su Conferencia sobre Ética Wittgenstein propone la metáfora de la taza de té. Esta no podrá contener más de lo que permite su capacidad, por mucho que nos empeñemos. Así también, las proposiciones tienen su propia capacidad, y el intento de meter en ellas más de lo que pueden acoger está destinado al fracaso. Wittgenstein manifestó siempre un profundo respeto por esta tendencia del espíritu humano (a arremeter contra los límites del lenguaje) que es la ética. Desde luego que cuando la ética adopta la forma de la ciencia natural su actitud es intolerante y destructiva. “La ética no puede ser ciencia…no aumenta nuestros conocimientos en ningún sentido”. "Todas las proposiciones valen lo mismo" Como descripciones de hechos posibles, todos los cuales son igualmente contingentes y entre los cuales no existe preeminencia alguna, no hay jerarquía ni diferencias de valor entre las proposiciones. En el mundo todo es como es y ocurre como ocurre, por consiguiente, no hay en él ningún valor, porque si lo hubiera, sólo por esto no tendría valor . Esto último es una forma paradójica de decir que considerar el valor como parte del mundo equivale a convertirlo en hecho y despojarlo de su condición de valor. El mundo es, simplemente, cuando acontece y en el todo los hechos han de medirse por el mismo patrón. Todas las proposiciones valen lo mismo. El mundo no es sino la totalidad de los hechos posibles, pero de ello se desprende que en el no caben los valores, puesto que los valores no son hechos. La ética pertenece al reino de lo inexpresable, como los problemas sobre el sentido del mundo y la existencia de los valores. “La solución al enigma de la vida…está fuera del espacio y del tiempo”, no pertenece al campo de la ciencia ni a su descripción empírica . Según Wittgenstein, “la explicación del sentido del mundo debe quedar fuera del mundo…” , de acuerdo con esta proposición “sólo podríamos decir cosas sobre el mundo como un todo, si pudiésemos salir fuera del mundo, es decir. Si dejase de ser para nosotros el mundo. “La descripción de un asesinato con todos los detalles físicos y psicológicos, la mera descripción de estos hechos no encerrará nada que podamos denominar una proposición ética. El asesinato estará en el mismo nivel que cualquier otro acontecimiento como, por ejemplo, la caída de una piedra. Ciertamente, la lectura de esta descripción puede causarnos dolor o rabia o cualquier otra emoción; también podríamos leer acerca del dolor o rabia que este asesinato ha suscitado entre otra gente que tuvo conocimiento de él, pero serían simplemente hechos, hechos y hechos, y no ética” . Si se describe la muerte de Cesar a manos de Bruto, para poner un ejemplo comentando por Wittgenstein años más tarde, se está describiendo un hecho. Pero si se lo describe como un crimen a lo Dante, o como un acto de justicia a lo Plutarco, eso ya es un juicio de valor y para las valoraciones no hay lugar en el mundo. O, formulado en términos lingüísticos, “tampoco pueden haber proposiciones éticas”, toda vez que las proposiciones no pueden expresar nada que se halle por encima de los hechos del mundo, “no pueden expresar nada más alto”. La consecuencia de todo esto, desoladora consecuencia, es que la ética queda reducida ni más ni menos que al silencio. Contra las apariencias, sin embargo, Wittgenstein no era un positivista, y sus ulteriores relaciones con los positivistas lógicos vieneses darían cumplida muestra de ello. Su actitud antes el problema del sentido de la vida revela una tensión interna, así como una complejidad, desconocidas para el positivismo: “sentimos que aun cuando todas la posibles cuestiones científicas hayan recibido respuesta, nuestros problemas vitales todavía no se han rozado en lo más mínimo. Por supuesto que entonces ya no queda pregunta alguna, y esto es precisamente la respuesta”, “la solución del problema de la vida se aprecia en la desaparición de ese problema. (¿No es esta la razón por la que las personas que tras largas dudas llegaron a ver claro el sentido de la vida no pudieran decir, entonces, en qué consistía tal sentido?)”, “lo inexpresable, ciertamente, existe. Se muestra, es lo místico” los positivistas lógicos interpretaron la máxima “de lo que no se puede hablar hay que callar” en el sentido de que hay que callar porque, en rigor, no hay nada que hablar”, pero para Wittgenstein el silencio sería más bien indicio de encontrarnos ante algo profundo e importante, algo ante lo cual habríamos interrumpido la cháchara para prestar oídos a otro tipo de voz que la palabra, pues lo que no puede ser dicho aun puede ser mostrado. Para Wittgenstein, la ética es la tendencia del espíritu humano a arremeter contra los límites del lenguaje. La ética no puede ser ciencia, no aumenta nuestros conocimientos en ningún sentido. Pertenece al reino de lo inexpresable, como los problemas sobre el sentido del mundo y la existencia de los valores. Dado que el mundo aparece como algo dado, como algo independiente de mi voluntad, a lo que ésta se allega enteramente desde fuera, sólo se perdería el que no acepta entregarse enteramente a su destino, el que persigue vanos propósitos y el que vive atenazado por el miedo. Es por ello que Wittgenstein, aspira a ser feliz ocurra lo que ocurra, aceptando lo que hay, sea esto lo que sea. Las cosas son lo que deben ser. Frente a ellas, el hombre se afirma en la renuncia. Nada importa su capacidad de intervenir; lo específico es la posibilidad de retirarse de que dispone, dado que toda intervención se refiere a los hechos del mundo, y el sujeto no pertenece al mundo, sino que es un límite del mundo. Lo inexpresable, ciertamente, existe. Se muestra, puesto de lo que no se puede hablar hay que callar.




 EL HOMBRE


 “El sujeto no pertenece al mundo, sino que es un límite del mundo.” y por lo tanto es condición para que exista el mundo (es trascendental). El yo metafísico no coincide con el yo que se ofrece en nuestra experiencia: el que se ofrece en nuestra experiencia es el yo empírico (tanto el yo físico, como el yo psicológico), puede ser estudiado por las ciencias empíricas, y no es esencialmente distinto a las otras cosas del mundo. Wittgenstein cree que en un nivel más profundo existe otro yo o sujeto: en el “Tractatus” lo compara con el ojo que, en cuanto órgano de la visión, no pertenece al campo visual, pero es condición necesaria para la existencia de éste . “El yo filosófico no es el hombre, ni el cuerpo humano, ni tampoco el alma humana de la cual trata la psicología, sino el sujeto metafísico, el límite –no una parte del mundo–.”este sujeto metafísico es el sujeto ante el que se hace presente el mundo, pero también el sujeto que actúa en el mundo, el sujeto que tiene voluntad, del que se puede predicar el valor moral.

 DIOS


 Con este término “lo místico” nos referimos en castellano a ciertas experiencias en las que, supuestamente, Dios se nos hace presente, y presente de forma directa e inmediata. En la filosofía de Wittgenstein el concepto de lo místico no tiene este sentido de acontecimiento extraordinario; lo común al sentido wittgensteiniano y al corriente es, en primer lugar, referirse a una experiencia que no se puede transmitir adecuadamente con palabras, y, en segundo lugar, referirse al mundo religioso; lo que le separa sería, en primer lugar, que no es la experiencia de Dios como tal, no es una experiencia en la que se nos muestre Dios en su aspecto propio (no es un ver a Dios), y, en segundo lugar, que es una experiencia frecuente, es una experiencia que muchas personas tienen. Wittgenstein describe varias vivencias que nos relacionan con lo místico: “creo que la mejor forma de describirla es decir que cuando la tengo me asombro ante la existencia del mundo. Me siento entonces inclinado a usar frases tales como “Qué extraordinario que las cosas existan” o “Qué extraordinario que el mundo exista”; Cuando hablamos de Dios y de que lo ve todo, y cuando nos arrodillamos y le oramos, todos nuestros términos y acciones se asemejan a partes de una gran y compleja alegoría que le representa como un ser humano de enorme poder cuya gracia tratamos de ganarnos, etc., etc. Pero esta alegoría describe también la experiencia a la que acabo de aludir ( lo místico). Porque la primera de ellas es, según creo, exactamente aquello a lo que la gente se refiere cuando dice que Dios ha creado el mundo; y la experiencia de la absoluta seguridad ha sido descrita diciendo que nos sentimos seguros en las manos de Dios. Una tercera vivencia de este tipo es la de sentirse culpable y queda también descrita por la frase: Dios condena nuestra conducta. Su posición empirista le llevó a negar la posibilidad de un acceso intelectual, racional a dichas realidades; consideró que en el mundo están presentes sólo los hechos, por lo que concluyó que Dios no se revela en el mundo y que ningún conocimiento relativo al mundo puede darle un sentido a éste y a la vida. Wittgenstein dedica pocas y breves sentencias a este concepto, por lo que no es nada fácil aclarar su sentido; de cualquier modo, los escasos textos permiten las siguientes consideraciones: -Lo místico se relaciona con la religión y con el sentido último del mundo: el objeto de lo místico es Dios y los valores éticos y estéticos absolutos. -La posición de Wittgenstein sobre esta cuestión no es la misma que la del positivismo lógico, movimiento en el que se suele incluir al primer Wittgenstein: el neopositivismo fue contrario a la religión y a la metafísica, y por esta razón, cuando los filósofos incluidos en esta corriente leyeron el “Tractatus”, desatendieron las sentencias de esta obra en las que Wittgenstein presenta el concepto de lo místico y destacaron sus críticas a la filosofía. Pero cada vez está más claro que esta interpretación fue un malentendido –cuando no una lectura interesada–, pues no parece que Wittgenstein tuviese la intención de negar la religión o los objetos tradicionales de la metafísica.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola Don José para mi es una de las pocas personas del Colegio Pinosierra que comparte estas ideas y espero que con el tiempo surja mas gente que piense de esta misma forma que usted.
http://www.youtube.com/watch?v=-1Y9OqSJKCc&feature=g-logo-xit
GRACIAS

petalofucsia dijo...

Bueno yo pienso que, todo es "relativo" hasta que se "alcanza" la verdad, que yo pienso que es una y precisa, la propia definición de las cosas es la verdad, por tanto llamémosle relativismo a esto.

En cuanto al lenguaje, pienso que como todo intenta alcanzar la realidad y por tanto la verdad, yo creo que la realidad es la verdad.

Pienso que la realidad y la verdad, ambas son la definición de las cosas, todo aquello que defina correctamente algo es "verdad".

Si la gente se anda por las ramas, es porque todavía está "tergiversando": tergiversar conjugar ⇒
1.tr. Desfigurar o interpretar erróneamente palabras o sucesos:
no tergiverses mis palabras y no pongas en mi boca cosas que no he dicho.
Algún día llegarán a su verdad pienso yo, aunque esta verdad sea "particular" y no general...