PRESENTACIÓN DE DESCARTES


DESCARTES: TEMAS PAU



CONOCIMIENTO
Descartes es un filósofo racionalista que parte de la idea de que si la razón es única, la verdad debe ser única y habrá un único método para encontrarla.

Es necesario encontrar un método para estar seguros de que si lo seguimos llegaremos a una verdad inapelable. Para ello lleva a cabo un análisis de la razón. Ésta se presenta mediante la intuición (ideas simples y evidentes, claras y distintas) y la deducción que es una cadena de intuiciones.

 Una vez señaladas las dos formas de actuar la razón, Descartes se dispone a construir un método, que seguirá el modelo del método matemático, influenciado por Galileo. Este método propuesto consta de diferentes reglas que se deben seguir para alcanzar de manera correcta el conocimiento.
- La primera regla es la de la evidencia, que consiste en no admitir como verdadera cosa alguna que no se reconozca como cierta de manera directa; para que algo sea evidente se nos tiene que presentar de manera clara y distinta.
-La segunda regla es el análisis, que consiste en dividir cada una de las dificultades de estudio en tantas partes como se pueda ya que para alcanzar una certeza verdadera se debe partir de lo simple para proporcionar seguridad y evitar falsedades.
- La tercera, es la síntesis, es decir conducir ordenadamente los pensamientos comenzando por los más simples y fáciles para ir ascendiendo hasta los más complejos; este proceso se realiza mediante la deducción, es decir, el método por el cual se procede lógicamente de lo universal a lo particular; e implica una sucesión de intuiciones; esta regla tiene una cierta influencia platónica debido a la jerarquización de ideas que realiza.
- La cuarta regla del método es la enumeración que consiste en realizar una revisión y recuento de las verdades obtenidas para asegurarse de que son verdad y no hay ningún error.

La duda metódica es un mecanismo que Descartes decide emplear de forma voluntaria: “decidí fingir rechazar como falso todo lo que pudiera generar la menor duda para poder analizar desde cero todos los conocimientos que hasta ahora tenía como ciertos, y poder así ver si existe algo realmente verdadero y evidente”. La razón de la duda metódica se debe a su imposibilidad de partir de la 1ª regla, la de la evidencia. Descartes necesita encontrar una verdad evidente, absolutamente indudable. Por ello inicia el proceso  de la duda metódica.
-Lo primero de lo que dudará Descartes es de los datos sensoriales “nuestros sentidos nos engañan algunas veces”, dudando de la veracidad de conocimiento que nos proporcionan nuestros órganos sensoriales.
 -La segunda razón de la duda se debe a la dificultad de distinguir el sueño de la vigilia. Pensamientos que tenemos estando despiertos, pueden venirnos también estando dormidos de la misma manera que la realidad de los sueños no se distingue de la realidad del estado de vigilia cuando estamos dormidos.
-Por último, postulará la hipótesis de la existencia de un "genio maligno" que nos haga ver con evidencia algo que no lo es. Quizás hemos nacido con un grado de imperfección tal que cuando creemos que algo es verdad, en realidad sea mentira y viceversa.
La duda de Descartes es una duda metódica, es decir, su finalidad es alcanzar la certeza, por lo tanto es diferente a la duda escéptica que creía imposible el conocimiento. Es más, Descartes emplea esta duda para superar el escepticismo y encontrar una proposición que resista absolutamente cualquier duda imaginable. La duda es consecuencia de la primera regla del método, ya que se debe admitir como verdadero solo aquello que se presente con absoluta claridad y distinción, y por lo tanto con evidencia. Esta es una de las máximas expresiones del racionalismo ya que para esta corriente filosófica, solo se puede admitir como ciertas aquellas creencias que han sido revisadas por la razón.

Con su método rechaza todo aquello que él tenía como cierto, provenga de los sentidos o del conocimiento. Y al dudar de todo conocimiento descubre, “advertí”, que hay uno del que no puede dudar, de que él piensa, “Pienso, luego existo” Cogito, ergo sum.



De esta conclusión deduce el Primer Principio de la filosofía que buscaba, la filosofía basada en el método matemático. La proposición hallada es totalmente evidente ya que no puede dudarse su veracidad en absoluto, porque puede fingir que su cuerpo es una ilusión, pero no puede fingir que no piensa. Por lo tanto de esto deduce que existimos como seres pensantes.
 Por ello afirma que hay una parte de nosotros cuya misión es pensar, la res cogitans o sustancia pensante. Para Descartes la sustancia es aquello que no necesita de ninguna otra cosa para existir y es la base de los atributos y modos; y según su concepción.
Existen tres sustancias la res cogitans o sustancia pensante; la res extensa o sustancia extensa; y la res infinita o sustancia infinita. De la existencia de la res cogitans y la res extensa se muestra el dualismo antropológico de Descartes, la sustancia pensante o alma, que es inmaterial, y la sustancia extensa, el cuerpo. También se deduce que es mucho más fácil de distinguir el alma que el cuerpo.

A la conclusión de que somos  seres pensantes se ha llegado mediante la intuición, es decir, a la percepción íntima e instantánea de una idea o verdad que aparece como evidente a quien la tiene. Y emplearemos la deducción para proceder de lo universal a lo particular, es decir, a partir de un axioma o verdad primera, extraer las demás verdades. Esta forma de proceder es la que se emplea en el método modelo escogido por Descartes, el matemático.

De la existencia del primer principio obtenemos el criterio de verdad de Descartes, algo es absolutamente verdadero si se nos presenta, como hemos dicho, con claridad y distinción, es decir, con evidencia.

Descartes una vez que ha dado por sentada la existencia de su propio yo, afirma que éste consiste en puro pensamiento y que el pensamiento se compone de ideas. Para él son de tres tipos:
-Adventicias, las que provienen de los captado en el mundo físico.
- Facticias, las creadas por el mismo pensamiento y compuestas de dos o más adventicias
-Innatas, las que tenemos de nacimiento  y que son simples y abstractas.

Descartes piensa que, si dudamos es que no somos perfectos, pues hay más perfección en el conocimiento que en la duda. Si sabemos que no somos perfectos es porque tenemos una idea innata de perfección en nuestra mente que tiene que proceder de alguien más perfecto que yo, y ese tiene que ser Dios, por lo tanto Dios existe.

Y se presenta a Dios como la sustancia infinita (res infinita), la perfección; y como garantía de nuestros conocimientos, oponiéndose a idea del genio maligno.

Descartes se presenta como un optimista epistemológico ya que busca la verdad absoluta, el conocimiento absoluto. Abandonando así la tesis del solipsismo, que afirma que solo se puede garantizar la existencia de uno mismo, y que la de otro es dudosa e infundada.



DIOS
Para salir del inmanentismo en el que se halla en la cuestión del cogito y las ideas, es decir que el yo no se puede engañar al pensar que existe y que lo que piensa son las ideas, Descartes procede a la demostración de la existencia de Dios.
Esto lo hace afirmando que la mente y el mundo han sido hechos por un ser infinitamente bueno, y que por ser bueno, no puede querer engañarme cuando me noto a mí mismo pensando. Descartes se propone a demostrar la existencia de Dios, pero naturalmente, a partir del cogito solo y de las ideas, ya no admite en principio otra realidad; en esto el planteamiento de Descartes es moderno: La demostración de la existencia de Dios ha de consistir en poner de manifiesto que la mente no puede dudar de la existencia de Dios.
Dios no puede ser una idea adventicia ni facticia, ya que no la captamos a través de los sentidos ni la creamos a partir de ellos, por lo tanto debe ser una idea innata.
Demostraciones:
1ª La más difundida, la típica del racionalismo, es la calificada de prueba ontológica:
Es verdad que aquello que percibimos clara y distintamente es verdadero. Lo que se percibe con claridad y distinción es verdad. De un triángulo percibimos clara y distintamente que sus ángulos suman dos rectos (por lo tanto, esto es verdad), pero de un triángulo no percibimos clara y distintamente que "exista realmente", en la "realidad en sí" (es decir: tal cosa no se puede intuir a partir de la pura noción de triángulo). En cambio, de Dios sí, porque la noción misma de Dios incluye la existencia; la noción de Dios es la de un ser necesario, o dicho de otro modo, la de un ser ilimitado en todos los aspectos, y el hecho de "no existir" sería una limitación. Esto sería una contradicción al admitir por un lado, la perfección suma y por otro una limitación a esa perfección, la de su no existencia necesaria y actual. Por tanto, la idea de Ser perfecto, la idea de Dios, incluye la existencia necesaria y no por ficción del pensamiento, del entendimiento, sino porque el existir pertenece a la naturaleza verdadera e inmutable de ese ser.
 2ª Descartes introduce el principio de que todo cuanto existe tiene que tener una causa de su existencia. Dios no es una idea ni adventicia ni facticia por lo que tan solo queda ya que sea innata, es decir que nacemos ya con ella. Si nacemos con esta idea   ¿de dónde ha venido salvo que  un ser  nos la ha dado al nacer?
Podría preguntarse, si todo lo que existe tiene que tener una causa, cuál es la causa de la existencia de Dios. Tomás de Aquino respondería que tiene que tener una causa eficiente todo aquello que no es ello mismo el existir mismo, ya que el existir mismo no puede recibir el existir. Descartes dice que la propia inmensidad de la naturaleza de Dios es la "causa o la razón” por la cual Dios no necesita de ninguna causa para existir.

EL HOMBRE
Descartes distingue como otros pensadores entre el alma y el cuerpo:
"puesto que por una parte tengo una idea clara y distinta de mí mismo, según la cual soy algo que piensa, y no extenso y, por otra parte, tengo una idea distinta del cuerpo, según la cual éste es una cosa extensa, que no piensa, resulta cierto que yo, es decir, mi alma, por la cual soy lo que soy, es entera y verdaderamente distinta de mi cuerpo, pudiendo ser y existir sin el cuerpo".

Al alma sólo pertenece el pensar (res cogitans), mientras que el cuerpo pertenece a lo material (res extensa). El cuerpo se reduce a una máquina regida por las leyes de la física. La vida se reducirá a movimiento mecánico; en particular, en los animales, que carecen de alma y pensamiento.
En el caso del hombre, Descartes sostiene que el alma está verdaderamente unida a todo el cuerpo, aunque luego la localiza en la glándula pineal como su sede, desde donde ejerce sus funciones. Gracias a la presión mecánica que sobre la glándula ejercen los espíritus vitales o partículas muy sutiles que se mezclan con la sangre, el alma recibe las impresiones o imágenes procedentes de los órganos de los sentidos a través de los músculos y nervios y, en consecuencia, la glándula pineal actúa sobre esos espíritus modificando los músculos y provocando el movimiento del cuerpo. En esta interacción, para Descartes es claro que es el alma quien siente, no el cuerpo, aun cuando las sensaciones sean ideas confusas, maneras confusas del pensar. Es el alma quien percibe, o sufre las pasiones -el deseo, tristeza, alegría, admiración, odio...- que Descartes explica en tono radicalmente mecanicista.

ÉTICA
Descartes trata de establecer unos principios para conocer que se van a extender al ámbito de la ética. En su obra " Discurso del Método", señala que no admitirá ninguna ciencia que no pueda justificarse desde sus principios, o que lleve a la confusión del conocimiento. Así hace un estudio de las aportaciones de la filosofía y la ciencia en la historia. Para Descartes, debemos de tener un buen método para razonar, pues da lo mismo como seamos, buenos o malos si no sabemos lo que es la verdad del bien y el mal. Si no tenemos este método, no razonaremos bien:
- El criterio de la idea clara y distinta (evidencia)
- Análisis de las ideas más complejas.
-Síntesis de las ideas.
-Enumeración completa.

 Hay tres máximas para actuar bien, y por lo tanto para ser felices:
- Conformismo social, ser dóciles a las leyes, costumbres y usos de nuestro país.
- Tener voluntad, ánimo constante, siempre en la misma dirección.
- Moderación de los deseos, ser prudentes, contenernos y no cambiar el orden del mundo.
Se apoya en el fundamento de que la ética tiene dos principios, uno el del ser divino, en el que se afirma que Dios es bueno y por lo tanto tenemos que confiar en que todo lo que nos ocurra es bueno; y por otro lado que la res cogitans, siendo lo mejor, habría que tenerla separada de la res extensa.
Pero hay un terreno, el de las pasiones, que es compartido por ambas. Por al alma porque es consciente y por cuerpo porque provoca un movimiento: las pasiones son buenas si yo las someto, de ahí la idea de la moderación de los deseos.
La indecisión viene de las pasiones, por lo que hay que ser decidido y no vacilar.



VOCABULARIO:
Alma: Sustancia pensante (res cogitans).
Autómata: Aquél que carece de voluntad y hace aquello para lo que está programado.
Claro y distinto: evidente, fácil de ver e inconfundible.
Cosa (res): Todo lo que tiene entidad, ya sea corporal o espiritual.
Deducción: Encadenar varias ideas simples o intuiciones.
Duda metódica: La duda es vacilación, irresolución. La duda es la indecisión ante una creencia o conjunto de creencias. Descartes la llama metódica al buscar una verdad evidente que le permita establecer su método matemático.
Evidencia: Lo que se nos da a la mente de una forma clara y distinta.
Inmanentismo: Algo inmediato que no necesita demostración. Para descartes es yo es algo inmanente y no obstante demuestra  su existencia a partir de la idea de Dios.
Innato: Aquello que el ser humano tiene en el momento de nacer.
Intuición: facultad de la razón para captar ideas simples, claras y distintas.
Mecanicismo: Doctrina que afirma que todo ocurre por causa de otra cosa como ocurre con las máquinas.
Método: Camino para hacer algo con orden. El método cartesiano establece el orden de las cuatro reglas: evidencia, análisis, síntesis y enumeración completa.
Pasiones: Tendencias y deseos del cuerpo que afectan al alma.
Razón: Estructura inmediata de la mente humana que consiste en intuición y deducción.
Res cogitans: el yo, el pensamiento.
Res extensa: todo lo que está fuera de la mente y es material, ocupa espacio.
Res infinita: Dios.
Sustancia: Aquello que existe.

TEMAS DE PAU: TOMAS DE AQUINO



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DIOS

A partir del libro del Éxodo, donde la Biblia cuenta la entrega a Moisés de los diez mandamientos Santo Tomas analiza la frase de Dios " Yo soy el que soy": Para él Dios es el ser. Todo lo que tiene ser, lo tiene porque Dios se lo ha dado. El ser es la parte fundamental de Dios que ha transmitido a todas sus criaturas.
Aquello en lo que consiste el ser lo llama Santo Tomas ESENCIA. La esencia es lo que hace que el ser sea, y sea aquello particular que lo diferencia de todos los demás. La esencia se relaciona con el concepto de POTENCIA de Aristóteles. La potencia es aquello que aún no se es pero que se puede llegar a ser. La esencia incluye lo que se puede llegar a ser. La esencia es por tanto algo inacabado.
Aquello que un ser es en este momento y en este lugar es la EXISTENCIA. Existir es darse en un aquí y ahora, plasmarse en la realidad en la que vivimos. La conexión de la existencia con el concepto de ACTO aristotélico (lo que se es ahora y que antes estaba en potencia) es evidente.
Para Santo Tomas la esencia y la existencia coinciden en Dios. Dios es aquel ser cuya esencia = existencia. Dicho de otra forma, lo característico del ser de Dios es existir, existe por sí mismo y dar la existencia a todo lo creado. Por ello la potencia y el acto en Él coinciden. Dios es un ser que ya es todo lo que puede llegar a ser.
Tomás afirma que para acceder a Él existe la teología (que se basa en la revelación), pero también es posible una teología natural, una ciencia constituida desde la razón y que forma parte de la metafísica. Que Dios existe es el primer dato de la revelación, pero la afirmación “Dios existe” no es una afirmación evidente, ya que el conocimiento humano parte de los sentidos y para éstos no es evidente dicha existencia.

                                                                 Tomas de Aquino

Por ello, es necesaria la demostración racional de su existencia partiendo de los seres creados. Así, convencido de que no existe una demostración rigurosa de que Dios existe, Santo Tomás elabora cinco vías de acercamiento a la afirmación de que Dios existe:
La vía del movimiento: partiendo de que todo lo que se mueve en el mundo es movido por otro, es necesario recurrir a un primer motor inmóvil, que mueva sin ser movido (Dios). Si no, caeríamos en una sucesión infinita de motores y móviles, lo cual está en desacuerdo con las mismas nociones de motor y móvil.
La vía de la causalidad eficiente: partiendo de que todo lo que existe aparece como efecto de una causa que lo ha producido, surge la necesidad de una causa primera (Dios). ). Si no, caeríamos en una sucesión infinita de causas y efectos, lo cual está en desacuerdo con las mismas nociones de causa y efecto.
Contingencia de los seres: Todos los seres que conocemos han empezado a existir y dejarán de existir, tienen por lo tanto una existencia contingente. Si esto es así, la existencia tuvo que empezar a darse en un momento dado, al igual que dejará de darse en otro. Si la existencia tuvo que comenzar a darse ¿qué había antes de la existencia? Si respondemos que nada, esto es imposible, ya que de la nada no pudo surgir la existencia. La única respuesta posible es que hubiera un ser que siempre ha existido (existencia necesaria) y del cual provienen todos los seres que existen ahora y que tienen una existencia contingente. A este ser se le llama Dios.
Grados de perfección: Encontramos en este mundo cosas más o menos buenas, más o menos verdaderas, más o menos nobles, y otras cualidades así. Ahora bien, el más y el menos se dicen de cosas diversas según la diversa aproximación a lo que es máximo en ese orden. Por eso ha de haber algo que sea óptimo, nobilísimo, máximamente verdadero y, por consiguiente, máximo ser. Y como lo que es máximo en un género es causa de todo lo que se contiene bajo ese género, ha de haber un máximo ser causa de la bondad, de la verdad, de la nobleza y de las demás cualidades por el estilo; y este es Dios.
Orden o Causa final: Vemos que los seres que no tienen capacidad de conocimiento actúan buscando la consecución de un fin. Ahora bien, las cosas que no tienen conocimiento no pueden tender a un fin si no son dirigidas por algún ser que conoce y que es inteligente. Luego existe algún ser inteligente que dirige todas las cosas naturales a un fin; que es lo que llamamos Dios.
Sin embargo, demostrar la existencia de Dios no es suficiente. Nuestro lenguaje es limitado para poder expresar con propiedad el conocimiento de Dios. Lo que podemos afirmar sobre Dios partirá siempre de los seres finitos  nos elevan a un ser infinito.
El partir de los seres nos lleva a suponer que las imperfecciones y limitaciones que hay en ellos también se darían en Dios pero debemos separar todo lo que no puede pertenecerle porque supone alguna limitación o imperfección por medio de la negación de dichas cualidades y por medio de la analogía afirmamos todo lo que conocemos en las criaturas elevándolo al grado máximo por lo que Dios es absolutamente bueno, libre…

EL SER DEL HOMBRE

Dios es el Ser y todas las demás cosas son seres. Todos los seres tienen la capacidad de ser porque ha sido recibida del ser que es Dios. Dentro de los seres, Santo Tomás distingue entre seres materiales e inmateriales, y para explicar la diferencia entre el Ser y los seres recurre a las distinciones aristotélicas de acto-potencia y materia-forma, añadiendo la distinción esencia-existencia (heredada de Avicena): Santo Tomás entiende por esencia lo que define al ser y por existencia el hecho de darse en la realidad. Dios es el ser que tiene la esencia igual a la existencia, la materia igual a la forma y el acto a la potencia.
El hombre también está compuesto de esencia y de existencia pero su relación no es la misma como en el caso de Dios: En el hombre la esencia ≠ existencia. El ser del hombre le es dado por Dios. El hombre no tiene ser por sí mismo. Tiene un ser contingente, probable, que puede darse como no darse a voluntad de Dios. La existencia humana tiene las mismas cualidades, le viene dada por Dios. Así pues el ser del hombre no consiste en existir. Su potencialidad está separada de su actualidad (acto – potencia).
El ser humano es el ser por excelencia de la creación divina. Siguiendo el hilemorfismo aristotélico, Santo Tomás afirma que el hombre está compuesto por materia y forma, que unidos constituyen la unidad sustancial humana. El alma es una forma sustancial primera y única en el cuerpo y necesita su unión con el cuerpo para ejercer sus actividades, aunque tiene otras exclusivas que explican cómo puede subsistir sin el cuerpo. Además, el alma es única y carece de partes. Por último, el análisis de las operaciones humanas llevó a Santo Tomás a afirmar la inmaterialidad del alma, ya que si realiza operaciones inmateriales, es señal de que ella misma es inmaterial. Para Sto. Tomás el hombre es el ser cuya esencia no es igual a su existencia, ni la materia al acto ni el acto a la potencia.





CONOCIMIENTO
  Para Sto. Tomas el alma da vida al cuerpo pero además tiene la importante función de dirigir el conocimiento en cuanto alma intelectual.

El conocimiento es lo que distingue al hombre de los demás seres creados y lo sitúa como el principal. El hecho de que el hombre esté compuesto de cuerpo y alma determina también la forma de funcionamiento del entendimiento. El origen de nuestro conocimiento está en nuestros sentidos, y se basa en la colaboración entre ellos y el entendimiento, que permite conocer la esencia de las cosas sensibles, de lo real material.

De este modo, las cualidades particulares de cada cosa deben ser captadas por los sentidos pero el objeto de conocimiento y lo que el entendimiento humano conoce, la esencia, son diferentes por lo que aunque este conocimiento tiene su origen en los sentidos el entendimiento elaborará los conceptos gracias a la abstracción, que consiste en la capacidad del entendimiento de separar la materia de la forma, lo particular de lo universal.

El primer grado de conocimiento es la sensación (especie sensible) y para llegar al universal inteligible Santo Tomás recurre, como Aristóteles, a los entendimientos agente y paciente. El paciente lleva a cabo la “visualización” del objeto, descubre lo que hay de universal inteligible en las representaciones: especie impresa, mediante el fantasma (imagen en la mente almacenada en nuestro intelecto) y esta información es transformada por el entendimiento agente en el concepto universal especie expresa.
En otro terreno del tema del conocimiento, Tomas de Aquino también aporta ideas nuevas al problema de la fe y la razón. Para él durante toda la edad media se había desarrollado una TEOLOGÍA REVELADA, la cual consistía en explicar las Sagradas Escrituras simple y llanamente, sin aventurar ideas nuevas que no estuviesen plasmadas explícitamente en ellas. Tomas de Aquino propone una nueva forma de hacer teología: la TEOLOGÍA RACIONAL. Ésta además de explicar, interpreta las Sagradas Escrituras, deduciendo ideas (uso de la razón) no mencionadas directamente en ellas. De esta forma, la teología racional puede llegar a comprender ciertas cuestiones divinas que antes ni se podrían plantear.
La razón así, adquiere un valor mayor respecto al tema de Dios, pero siempre supeditada a los dictados de la fe.

ÉTICA

Siguiendo, pues, sus raíces aristotélicas Sto. Tomás está de acuerdo con Aristóteles en la concepción teleológica de la naturaleza y de la conducta del hombre: toda acción tiende hacia un fin, y el fin es el bien de una acción. Hay un fin último hacia el que tienden todas las acciones humanas, y ese fin es lo que Aristóteles llama la felicidad. Santo Tomás está de acuerdo en que la felicidad no puede consistir en la posesión de bienes materiales, pero a diferencia de Aristóteles, que identificaba la felicidad con la posesión del conocimiento de los objetos más elevados (con la teoría o contemplación), con la vida del filósofo, en definitiva , Santo Tomás, en su continuo intento por la acercar aristotelismo y cristianismo, identifica la felicidad con la contemplación beatífica de Dios, con la vida del santo, de acuerdo con su concepción trascendente del ser humano.

 La proyección de la ley eterna en la razón del hombre se llama ley natural porque es una ley basada en la inclinación natural del hombre hacia el bien, bien que conoce su razón .La ley no es un hábito, sino un acto de la razón práctica, es una ley única, inmutable, indeleble y vale universalmente para todos los hombres.

La ley natural se manifiesta en cuanto que se dirige a tendencias naturales humanas como son la supervivencia, la reproducción, el conocimiento y la vida en sociedad.

El hombre es un ser social por naturaleza, por lo que son necesarias unas normas que regulen la vida social. Esta es la función de la ley positiva, reflejo de la ley natural, que es el medio que los Estados tienen para procurar el bien común. Las leyes serán injustas su no cumplen su objetivo (procurar el bien común), convirtiéndose así en tiranía, y haciendo que quien las promulga pierda su autonomía, ya que emana de Dios. Por ello, los tiranos deben ser derrocados, salvo que este derrocamiento traiga males peores.





LA POLÍTICA

  La sociedad es una institución natural fundamentada en la naturaleza humana Ello se debe a la existencia de la razón y del lenguaje que nos hacen ver que el fin del hombre en esta vida es algo colectivo.
El gobierno también es una institución natural. Si no existiera se produciría el peligro de disgregación egoísta por parte del hombre. Tanto la sociedad como el gobierno no son el resultado del pecado y la maldad humanas (Agustín). Incluso en estado de inocencia, tanto el gobierno como la sociedad serían necesarios a partir de las desigualdades naturales del hombre.

RELACIONES ENTRE EL ESTADO Y LA IGLESIA:
El ESTADO es una sociedad autónoma que posee los medios necesarios para la consecución del fin a que está destinado: el bien común. El bien común exige: paz dentro del estado; dirección unificada; provisión de las necesidades de la vida; paz con el exterior.
La IGLESIA tiene un fin sobrenatural y, por tanto, más elevado que el del Estado. Tomás de Aquino defiende el poder indirecto de la Iglesia sobre el Estado: éste debe subordinarse a la Iglesia en asuntos de carácter sobrenatural. Ello no implicaría, según Tomás de Aquino, pérdida de autonomía de la función del Estado. Y no significaría pérdida de autonomía por lo siguiente: El fin de la vida social es la vida buena según la virtud. Ahora bien, la auténtica vida virtuosa no es la fundamentada en el medio individual (al modo aristotélico), sino la que tiene carácter teologal. En la práctica esto significa que no está en manos de ningún organismo humano el conseguir el auténtico hombre virtuoso. De ahí que no deben ser las leyes humanas el fundamento último de la vida social sino la ley eterna. Y la ley eterna la representa mejor la Iglesia que el Estado. Por consiguiente, en última instancia, los reyes deben de someterse a los sacerdotes. La función del Estado debe de consistir en realizar sus tareas propias, pero poniendo siempre la atención en que la auténtica felicidad está en la otra vida. Ahora bien, según Tomás de Aquino, esto no implica que el hombre tenga dos fines: uno natural y otro sobrenatural. Existe un único fin (el sobrenatural). Y tanto el Estado como la Iglesia deben de contribuir a la consecución de tal fin.
 El problema de las relaciones entre la iglesia-estado, en Tomás de Aquino, son muy similares a las relaciones entre razón-fe.

ACERCA DE LA LEY POSITIVA:
Hay que diferenciar entre la ley divina positiva y la ley humana positiva. La primera es la ley de Dios revelada imperfectamente a los judíos y perfectamente a través de Cristo. La segunda representa la aplicación práctica de la ley natural a través de decretos que hagan explícitas las ideas generales de la ley natural. La ley humana positiva es verdadera en cuanto refleje la ley natural. Toda ley positiva que vaya en contra de la ley natural no obliga a que se cumpla en conciencia. Ahora bien, la ley natural no es otra cosa que un reflejo de la ley eterna. Por consiguiente la ley humana positiva nunca podría ir en contra de la ley eterna.

El PODER DEL MONARCA procede de Dios. De todos modos algunos afirman que existen textos en donde parece que Tomás de Aquino daba a entender que tal poder derivaba directamente del pueblo y de éste pasaba al monarca. Otros afirman que existen también textos que niegan categóricamente esto último.
En cuanto a las FORMAS DE GOBIERNO dice:
1º) Hay tres tipos de gobiernos buenos: democracia que observa la ley; aristocracia y monarquía.
2º) Tres tipos de gobiernos malos: democracia demagógica; oligarquía; tiranía.
3º) La Monarquía es el mejor de los buenos gobiernos. Es la más natural ya que representa de modo análogo el gobierno de la razón sobre las otras partes del alma. Tal monarquía debería estar controlada por los magistrados de elección popular.

VOCABULARIO
Acto: Lo que se da aquí ahora, es la realización de lo que está en potencia.
Causa: es aquello a lo cual algo sigue necesariamente.
Contingente: Lo contingente es aquello que no tiene necesidad de existir, de ser... se opone a necesidad.
Esencia: lo que es un ente... lo que la define, el qué de una cosa.
Evidencia: Lo que nos parece verdadero inmediatamente. Una proposición en la que lo que se dice en el predicado corresponde exclusivamente a lo que se dice en el sujeto.
Existencia: Acto de ser.
Ley eterna: es lo mismo que la ley divina: es la ordenación del gobierno divino del mundo.
Ley natural: La ley natural es el reflejo de la ley eterna en los seres creados, y especialmente en el ser humano.
Ley positiva: o ley humana: es el ordenamiento legislativo concreto de cada sociedad.
Motor: lo que da movimiento a algo, lo que es causa del movimiento.
Móvil: Lo que es movido por un motor.
Necesario: Lo que no puede no ser.
Teología natural: Creada por Tomas de Aquino. Parte de las Sagradas escrituras y deduce consecuencias sobre el ser de Dios.
Teología revelada: Parte de las Sagradas escrituras y explica el ser de Dios.

AGUSTÍN DE HIPONA. TEMAS DE PAU 2014

Agustín de Hipona
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EL HOMBRE

El ser humano es un compuesto de cuerpo (materia) y alma (forma). Por supuesto que la realidad más importante es el alma, dentro de la más estricta tradición platónica, concibiendo el cuerpo como un mero instrumento del alma. El alma es una sustancia espiritual y, tal como nos la presenta Platón en el Fedón, simple e indivisible. Asume todas las funciones cognoscitivas de las que la más importante será la realizada por la razón superior, ya que tiene como objeto la sabiduría (y es en ella en donde se da la iluminación). Además de las funciones propias de la inteligencia le corresponden también las de la memoria y la voluntad, adquiriendo ésta última un especial protagonismo en su pensamiento, al ser considerada una función superior al entendimiento.

El alma es inmortal, pero a diferencia de lo que ocurría en el platonismo no es eterna, ha sido creada. Los argumentos para defender la inmortalidad proceden del platonismo: siendo el alma de naturaleza simple no puede descomponerse, ya que no tiene partes; por lo que ha de ser indestructible, inmortal. Por lo que respecta a la explicación de su origen San Agustín oscila entre dos posiciones: el creacionismo y el generacionismo . Según la primera Dios crearía el alma con ocasión de cada nuevo nacimiento de un ser humano (lo que plantearía problemas a la hora de explicar el pecado original ¿Crearía Dios almas imperfectas, manchadas por el pecado original?).Según la otra teoría el alma se transmitiría de padres a hijos al ser generada por los padres, igual que éstos generan el cuerpo (de este modo se podría explicar la transmisión del pecado original, pero plantearía el problema de la unidad y simplicidad del alma individual ¿Transmitirían los padres una parte de su alma a sus hijos? ¿Quedaría entonces la suya fragmentada? etc.)

Por otro lado, además de ser el hombre una entidad creada a semejanza de Dios, Agustín hace referencia a lo que se podría llamar una naturaleza esencialmente humana heredada del pecado original. El hombre nace poseyendo la culpa de Adán y Eva, nace con la mancha de la soberbia de querer ser como Dios ( los hijos heredan las deudas de los padres como en el derecho romano). Sin embargo Dios ha puesto en el hombre la posibilidad de la redención un deseo de volver al padre mediante la gracia. La gracia es la iniciativa de Dios para que el hombre le vuelva a encontrar y así reconciliarse. Esta gracia es la manifestación más clara del amor eterno de Dios hacia el hombre. Dios en su afán de perdonar al hombre , no le deja abandonado sino que le pone a su alcance un camino para el reencuentro. El hombre vuelve a dios mediante la distensión del alma en el tiempo, el alma es capaz de encontrar en su interior a Dios mismo y en ese proceso el alma va creciendo hasta encontrar a Dios en su interior.

El hombre en este proceso es capaz de encontrar la eternidad del tiempo en el presente continuo de su existencia. Para San Agustín el tiempo no existe, el pasado ya no es , el futuro aún no es, solo es el presente. Dios vive como ser atemporal en un presente constante y el alma del hombre al alcanzar su máximo crecimiento toma consciencia de la eternidad en la que siempre ha vivido.



DIOS
El tema que más ocupa a San Agustín es el tema de Dios. Su filosofía es predominantemente una teología, siendo Dios no sólo la verdad a la que aspira el conocimiento sino el fin al que tiende la vida del hombre, que encuentra su razón de ser en la beatitud, en la visión beatífica de Dios que alcanzarán los bienaventurados en la otra vida, para cuya obtención será necesario el concurso de la gracia divina.

San Agustín no se preocupa, sin embargo, de elaborar pruebas sistemáticas de la existencia de Dios, aunque propone diversos argumentos que ponen de manifiesto su existencia, haciéndolo con esa estricta intención. Entre ellos se encuentran los que, a partir del orden observable en el mundo, concluyen la existencia de un ser supremo ordenador, o los basados en el consenso, que recalcan la universalidad de la creencia en dioses por parte de todos los pueblos conocidos.

También encuentra a Dios en el interior del hombre, a donde San Agustín acostumbra a dirigirnos para encontrar en nosotros la verdad. Es precisamente por ese camino por el que vamos a encontrar la que suele considerar con propiedad la demostración de la existencia de Dios a partir de las ideas o verdades eternas: el fundamento de tales verdades inmutables no puede estar en las cosas creadas, que son cambiantes, sino que ha de estar en un ser inmutable y eterno, a su vez, es decir, en Dios.

Respecto a la creación, es el resultado de un acto, libre, de Dios. No obstante, las esencias de todas las cosas creadas se encontraban en la mente de Dios como ejemplares o modelos de las cosas, tanto de las creadas en el momento original como de las que irían apareciendo con posterioridad, es decir, de todo lo posible, pero no existente todavía. Es el llamado ejemplarismo, que se complementa con la teoría, de origen estoico, de las rationes seminales. Los seres materiales se componen de materia y forma, pero no todos han sido creados en acto desde el principio del mundo. En el momento de la creación Dios depositó en la materia una especie de semillas, las rationes seminales, que, dadas las circunstancias necesarias, germinarían, dando lugar a la aparición de nuevos seres que se irían desarrollando con posterioridad al momento de la creación. En el acto de la creación Dios crea, pues, unos seres en acto y otros en potencia, como rationes seminales, por lo que todos los seres naturales habrían sido creados desde el principio del mundo, aunque no todos existirían en acto desde el principio.


Dios existe en la eternidad. La eternidad es la negación misma del tiempo al que no está sometido Dios. Él vive en la eternidad del instante, al igual que el hombre, aunque éste percibe la irrealidad del tiempo como una herramienta necesaria para la comprensión del mundo.
Por otro lado Agustín de Hipona sugiere una explicación de la Trinidad ( Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo ). Que Dios es Padre significa que en Él está contenida toda la creación, Hijo significa que Dios es la Verdad, Jesucristo es el portador y difusor de la verdad en el mundo, y Espíritu Santo, significa amor, voluntad, el poder de crear y amar lo creado porque proviene de Él mismo.
No hay una distinción clara entre razón y fe en la obra de San Agustín, lo que marcará el discurrir de todo su pensamiento. Existe una sola verdad, la revelada por la religión, y la razón puede contribuir a conocerla mejor. "Cree para comprender", nos dice, en una clara expresión de predominio de la fe; sin la creencia en los dogmas de la fe no podremos llegar a comprender la verdad, Dios y todo lo creado por Dios (la sabiduría de los antiguos no sería para él más que ignorancia); "comprende para creer", en clara alusión al papel subsidiario, pero necesario, de la razón como instrumento de aclaración de la fe: la fe puede y debe apoyarse en el discurso racional ya que, correctamente utilizado, no puede estar en desacuerdo con la fe, afianzando el valor de ésta.



ÉTICA
La ética agustiniana, aunque inspirada directamente por los ideales morales del cristianismo, aceptará elementos procedentes del platonismo y del estoicismo, que encontramos también en otros aspectos de su pensamiento. Así, compartirá con ellos la conquista de la felicidad como el objetivo o fin último de la conducta humana; este fin será inalcanzable en esta vida, dado el carácter trascendente de la naturaleza humana, dotada de un alma inmortal, por lo que sólo podrá ser alcanzado en la otra vida.

Hay aquí una clara similitud con el platonismo, mediante la asociación de la idea de Bien con la de Dios, pero prevalece la inspiración cristiana al considerar que la felicidad consistiría en la visión beatífica de Dios, de la gozarían los bienaventurados en el cielo, tras la práctica de la virtud. Además, hay que tener en cuenta que es necesaria la gracia de Dios para poder alcanzar tal objetivo, lo que hace imposible considerar la salvación como el simple efecto de la práctica de la virtud, (entre otras cosas por la imperfección de la naturaleza humana que supone el pecado original), y planteará no pocos problemas teológicos, recurrentes a lo largo de la historia del cristianismo.

Respecto al problema de la existencia del mal en el mundo (si Dios es la suma Bondad ¿por qué lo permite?) la solución se alejará del platonismo, para quien el mal era asimilado a la ignorancia, tanto como del maniqueísmo, para quien el mal era una cierta forma de ser que se oponía al bien; para San Agustín el mal no es una forma de ser, sino su privación; no es algo positivo, sino negativo: carencia de ser, no-ser. Todo lo creado es bueno, ya que el ser y el bien se identifican. El mal es la ausencia del bien. Dios representa el bien y todo lo creado por Él es bueno. El mal no proviene pues de Dios, sino del hombre que niega el bien.

Dios en su infinita bondad no quiso crear al hombre como a un esclavo, sino que le otorgó el libre albedrío, la voluntad. El uso que hace el hombre de este regalo de Dios es la fuente del mal. El hombre al tomar sus decisiones puede elegir la negación del bien: el mal.



POLÍTICA
En cuanto a la sociedad y la política, San Agustín expone sus reflexiones en "La ciudad de Dios", obra escrita a raíz de la caída de Roma en manos de Alarico y de la desmembración del imperio romano. Los paganos habían culpado a los cristianos de tal desastre, argumentando que el abandono de los dioses tradicionales en favor del cristianismo, convertido desde hacía tiempo en la religión del imperio, había sido la causa de la pérdida del poder de Roma y de su posterior destrucción. En esa obra San Agustín ensaya una explicación histórica para tales hechos partiendo de la concepción de la historia como el resultado de la lucha de dos ciudades, la del Bien ( hijos de Abel) y la del Mal ( hijos de Caín ), la de Dios y la terrenal, de la luz y de las tinieblas.

La ciudad de Dios la componen cuantos siguen su palabra, los creyentes; la terrenal, los que no creen. Esa lucha continuará hasta el final de los tiempos, en que la ciudad de Dios triunfará sobre la terrenal, apoyándose San Agustín en los textos sagrados del Apocalipsis para defender su postura. De hecho, la oposición señalada será utilizada posteriormente para defender la prioridad de la Iglesia sobre los poderes políticos, exigiendo su sumisión, lo que ocurrirá en la alta edad media. Asegurada esa dependencia, San Agustín aceptará que la sociedad es necesaria al individuo, aunque no sea un bien perfecto; sus instituciones, como la familia, se derivan de la naturaleza humana, siguiendo la teoría de la sociabilidad natural de Aristóteles, y el poder de los gobernantes procede directamente de Dios.

El fin principal del Estado debe ser la justicia. El Estado es el reflejo de Dios en la vida social y como tal se entiende como un administrador de la justicia divina en el mundo terrenal. Para conseguir esta forma de justicia las leyes deben tener las siguientes características:


-Tienen que respetar la igualdad de cada individuo en función de su valía para la sociedad.

-Los derechos y los deberes no son los mismos en consecuencia con lo anterior.

-las leyes del Estado deben ser estrictamente respetadas dado su origen divino.

CONOCIMIENTO

Aunque sin llegar a elaborar una teoría del conocimiento San Agustín se ocupará de este problema, tratando de establecer las condiciones en las que se puede dar el conocimiento de la verdad, según el ideal cristiano de la búsqueda de Cristo y la sabiduría.

Ante el desarrollo del escepticismo defendido por la Academia nueva , con cuyas tesis había simpatizado anteriormente, San Agustín considerará fundamental la crítica del mismo. Niegan los escépticos la posibilidad de alcanzar certeza alguna. Ante ello San Agustín replica afirmando la necesaria certeza de la propia existencia: ¿puedo razonablemente dudar de mi existencia, aun suponiendo que todos mis juicios estuvieran siempre equivocados? No, dice San Agustín, ya que aun en el caso de que me engañase no dejaría de existir .Pero la certeza es triple, ya que el hombre existe, vive y entiende.


En ese conocimiento cierto que tiene la mente de sí misma y por sí misma, en la experiencia interior, asentará San Agustín la validez del conocimiento. Así, no puedo dudar de la certeza de los principios del entendimiento, como el principio de no contradicción; ni de la certeza de las verdades matemáticas. Tampoco puedo dudar de la certeza de la realidad exterior, en la que vivo. No obstante la mente, buscando la verdad en sí misma, se trascenderá a sí misma al encontrar en ella las ideas, verdades inmutables que no pueden proceder de la experiencia.


Distinguirá San Agustín varios tipos de conocimiento, asegurada su posibilidad: el conocimiento sensible y el conocimiento racional; el conocimiento racional, a su vez, podrá ser inferior y superior.


El conocimiento sensible es el grado más bajo de conocimiento y, aunque realizado por el alma, los sentidos son sus instrumentos; este tipo de conocimiento sólo genera en mi opinión, doxa, tipo de conocimiento sometido a modificación, dado que versa sobre lo mudable (puede observarse la clara dependencia platónica del pensamiento agustiniano); al depender del objeto (mudable) y de los sentidos (los instrumentos) cualquier deficiencia en ellos se transmitirá al conocimiento que tiene el alma de lo sensible. El verdadero objeto del conocimiento no es lo mudable, sino lo inmutable, donde reside la verdad. Y el conocimiento sensible no me puede ofrecer esta verdad.


El conocimiento racional, en su actividad inferior, se dirige al conocimiento de lo que hay de universal y necesario en la realidad temporal, y es el tipo de conocimiento que podemos llamar ciencia (como los conocimientos matemáticos). Ese tipo de conocimiento depende del alma, pero se produce a raíz del "contacto" con la realidad sensible, siendo ésta la ocasión que permite que la razón origine tales conocimientos universales. Las ideas que se adquieren no satisfacen la necesidad de conocimiento del alma.


El conocimiento racional, en su actividad superior, es llamado por San Agustín sabiduría; es el auténtico conocimiento filosófico: el conocimiento de las verdades universales y necesarias, las ideas no abstraídas de las cosas sensibles sino aquellas que se hallan en nuestro interior y que han sido puestas ahí por Dios. Son ideas como las de la belleza, la justicia, el amor, la verdad, etc. Siguiendo a Platón. Hay, pues, una gradación del conocimiento, desde los niveles más bajos, sensibles, hasta el nivel más elevado, lo inteligible, la idea en sí que no depende de los objetos


Las ideas se encuentran, pues, en la mente de Dios. ¿Cómo se alcanza el conocimiento de las ideas? Dado su alejamiento de lo sensible, realidad en la que se encuentra el hombre, las ideas sólo se pueden conocer mediante una especial iluminación que Dios concede al alma, a la actividad superior de la razón. El verdadero conocimiento depende, pues, de la iluminación divina. ¿Cómo interpretar esta iluminación? La iluminación significaría que el alma contempla directamente las ideas o esencias en la mente divina, lo que plantea problemas teológicos, dado que de alguna manera el alma contemplaría la esencia divina.