HABERMAS TEMARIO EVAU 2017

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    CONOCIMIENTO

“Conocimiento e interés” (1968) revela la importancia que Habermas otorga a los aspectos de fundamentación científica. Podríamos afirmar que es la propia reflexión política la que le obliga a internarse por los caminos de la teoría de la ciencia. Conocimiento e interés, escrito precisamente en el contexto de crítica y debate entre las corrientes positivistas y el postempirismo, pretende, de un lado, ser una “autorreflexión de la ciencia sobre sí misma” y advertir de las limitaciones del cientificismo.
La investigación sobre lo que denomina los intereses del conocimiento parte de un profundo examen e identificación de las estructuras cognoscitivas y de los procesos de generación del saber científico, así como de los límites disciplinarios entre las ciencias.
Según el pensador alemán, el ser humano inicia su conocimiento a partir de ciertos intereses arraigados en su propia naturaleza.


En concreto, Habermas señala tres tipos de intereses:
1) Interés técnico: En este caso, el ser humano percibe la realidad en función de su posible manipulación técnica. Es el interés que abre el campo de saber de las ciencias empírico-analíticas ( Física, Biología, Matemática, etc. ).
2) Interés práctico: No se busca la manipulación de la realidad, sino la comprensión de su sentido. Por ello, gracias a este interés, el hombre accede al significado de las realidades simbólicas o culturales. Es el campo del conocimiento práctico y sostiene a las ciencias de carácter práctico o histórico (Filosofía, Antropología, etc. ).
3) Interés emancipatorio: En este caso, el ser humano busca conocer la realidad social, criticarla y modificarla desde el punto de vista de la libertad ( Ética, Política, etc. ). Es el interés que fundamenta a las llamadas ciencias críticas, entre las que se cuenta la propia teoría habermasiana.
En los años setenta se produce un cambio en la trayectoria habermasiana. El ‘giro lingüístico-pragmático’ decide el cambio y la transformación del paradigma impuesto desde el racionalismo dogmático, que estructuraba el conocimiento en función de la relación entre sujeto y objeto. La razón, según Habermas, no se ha de plantear de esa forma, sino que exige un tratamiento de carácter dialógico.
Estas nuevas inquietudes le conducen necesariamente a un análisis de los procesos de comunicación y a descubrir las reglas que regulan el entendimiento entre sujetos racionales.
La Teoría de la acción comunicativa, publicada en 1981, supone la culminación del trabajo filosófico de Jürgen Habermas. En ella Habermas pretende:
1. Diseñar una teoría ampliada de la racionalidad. A partir de los análisis comunicativos y de la pragmática universal, Habermas propone un nuevo concepto de razón, la razón discursiva.
2. Teoría de la sociedad. A partir de la manifestación social de la racionalidad y de los diversos tipos de acción, delinea una teoría de la sociedad diferente a la teoría social normativa que existía en épocas anteriores.
3. La propuesta de teoría social normativa le sirve para llevar a cabo una explicación de la evolución de las sociedades modernas que, precisamente gracias a su estatuto normativo, puede identificar las patologías de los sistemas sociales y políticos contemporáneos y solventar sus deficiencias.
La razón se sitúa, según Habermas, en los procesos comunicativos. La racionalidad se puede considerar así desde la perspectiva de la defensa argumental de los enunciados. Es racional, en este sentido, cualquier expresión que concita el consenso de los participantes en una argumentación o, lo que es lo mismo, aquella expresión que puede ser aceptada por otro sujeto en base a razones. A juicio de Habermas, un análisis exhaustivo de la racionalidad exige examinar la práctica comunicativa e intersubjetiva de los hablantes con el fin de detectar sus condiciones, reglas y límites. A esta investigación le da el nombre de pragmática universal.
Según Habermas, «la pragmática universal plantea (…) la pretensión de reconstruir la capacidad de los hablantes adultos para insertar de tal suerte oraciones en referencias a la realidad, que esas oraciones puedan asumir las funciones pragmáticas de exposición, autoexposición y establecimiento de relaciones interpersonales.
Pero, ¿cuáles son las condiciones que determinan que un acto de habla sea aceptable? Es importante identificarlas en la medida en que el entendimiento dependerá de su cumplimiento. Habermas sostiene que en toda emisión comunicativa el hablante plantea pretensiones de validez, frente a las cuales el receptor puede tomar postura con un sí o con un no. En el caso de que el oyente reconozca las pretensiones de validez implícitas en el acto, se habrá logrado el entendimiento o acuerdo. En el caso de que la postura del oyente sea un “no” a dichas pretensiones, se pondrá fin al acto de habla (y por tanto el entendimiento habrá fracasado) o bien se exigirá al hablante que defienda argumentadamente las pretensiones incoadas, con lo que se iniciará el discurso.
El discurso termina con éxito cuando se “desempeñan” o defienden dichas pretensiones, que acaban siendo aceptadas por el receptor. El consenso o acuerdo constituye el final óptimo de todo discurso. La única fuerza admisible en los discursos es la “fuerza del mejor argumento”.
Con la teoría consensual de la verdad, Habermas refiere que ésta es predicable de las argumentaciones y que constituye una pretensión de los diversos actos de habla, eliminado la referencia de la verdad a la realidad objetiva y alejándose del realismo filosófico. Desde este punto de vista, la verdad aparece como una pretensión universal de ciertos actos de habla que puede ser desempeñada discursivamente. Un acto de habla es verdadero en la medida en que en él puede corroborarse el asentimiento de cualquier participante racional.
En conclusión, el conocimiento verdadero se reduce a la expresión lingüística mejor argumentada y que produce el mayor acuerdo posible.


     POLÍTICA

La experiencia histórica demuestra que la evolución social ha privilegiado la óptica del sistema. El sistema y sus normas han sido absorbidos por los integrantes de la sociedad de tal forma que no se ha dejado espacio a las opiniones sociales individuales e independientes.
Puede afirmarse, en cualquier caso, que con la expresión referida el pensador alemán alude ni más ni menos que al proceso de tecnificación de ámbitos prácticos que, por la fuerza de la expansión científica y técnica, quedan sometidos a una lógica instrumental (la del mercado, por ejemplo, o la del poder). La colonización determina que la acción comunicativa sea socavada por intervenciones de tipo instrumental y, sobre todo, que el entendimiento lingüístico sea sustituido como mecanismo de coordinación por medios de comunicación de tipo no verbal. Fenómenos de este tipo son, por ejemplo, el afán consumista, la derivación económica de las relaciones personales y la despersonalización de los subsistemas administrativos.
Pero, por otro lado, la perspectiva normativa de la teoría de la sociedad habermasiana permite detectar el progresivo desacoplamiento entre sistema y mundo de la vida y caracterizarlo de patológico. De ahí que, desde su punto de vista, la Modernidad no haya de ser superada, como proponen quienes se sitúan en corrientes posmodernas o antimodernas, sino “enderezada”. Recuperar el núcleo discursivo y comunicativo del mundo de la vida, ensanchar el horizonte del entendimiento entre sujetos libres, es la manera, a su juicio, de corregir la expansión sistémica y vislumbrar sistemas sociales emancipados.
La política discursiva constituye el punto final de la Teoría de la Sociedad habermasiana. Como la ética o el derecho, la política según Habermas habrá de depender en última instancia de la comunicación discursiva. Desde este punto de vista, la legitimidad de un sistema de poder sólo podrá acreditarse a través de los procesos democráticos que expresan la voluntad política: el poder adquiere legitimación procedimental porque es entonces cuando puede ser reconocido por los destinatarios.
Pero Habermas no desconoce la realidad de las sociedades actuales, por lo que también reclama un cambio en la comprensión de las relaciones entre Estado, Sociedad Civil y Economía. Se trata tres esferas de la Sociedad que la teoría política ha intentado complementar, por el momento sin éxito. Desde la perspectiva liberal, el Estado aparece como el garante de una sociedad entendida exclusivamente en términos económicos; la política habrá de sortear y regular los posibles conflictos de intereses. Desde la óptica llamada republicana, la primacía la obtiene la sociedad civil que ha de conquistar en términos éticos al Estado con el fin domesticar el poder: la política se dirige contra el poder. Con su propuesta deliberativa, lo que Habermas busca es superar y sintetizar ambas perspectivas.
Habermas habla de tres formas de entender la democracia. Los tres modelos comparten un mismo respeto por los procedimientos que caracterizan la democracia moderna, incluyendo la celebración de elecciones libres mediante sufragio universal, el parlamentarismo, la separación de poderes, el imperio de la ley o el respeto de los derechos humanos. Sin embargo, se diferencian en su concepción del proceso político y en su visión sobre el papel del Estado y de los ciudadanos en la sociedad. Modelos:
1.Modelo liberal: La política tiene como meta el control de las administraciones públicas. La sociedad está basada en la economía. El Estado garantiza los derechos de los ciudadanos.
2. Modelo republicano: Los fines colectivos no son únicamente resultado de una lucha competitiva por el poder económico. La democracia parece depender de las virtudes de los ciudadanos y de un compromiso ético hacia el bien común, lo cual no siempre se corresponde con la realidad.
3. Modelo deliberativo:  El modelo propuesto por Habermas presta especial atención a las condiciones comunicativas que permiten producir resultados racionales en el proceso político mediante la deliberación pública.

Según Habermas, la política deliberativa guarda conexión con el MUNDO DE LA VIDA, porque está relacionada con la vida particular de los ciudadanos y con las asociaciones espontáneas de la sociedad civil.


La teoría política habermasiana constituye una apuesta por la implicación de los ciudadanos y los colectivos en la resolución de los conflictos y en la renovación comunicativa de problemas, temas y normas. Asimismo, aunque la política deliberativa apoya la institucionalización moderna de los discursos, no olvida que en la esfera pública de la sociedad civil se desarrollan también procesos discursivos que han de ser tenidos en cuenta. Por ello afirma que las deliberaciones se pueden realizar de manera formal ―asambleas, parlamentos, etc.―, o de manera informal, en las discusiones que se llevan a cabo en el seno de la sociedad civil, donde se puede auscultar el latido de la democracia.
A diferencia de las propuestas políticas comunitaristas, modelo republicano, que subrayan que la comunidad política se autoconstituye en referencia a una identidad y comunidad ética previa, la teoría discursiva de la democracia, por el contrario, considera que el elemento configurador de la comunidad política es el nexo racional que suponen las comunicaciones cotidianas, en las que se impone el mejor argumento. Las autocomprensiones ético privadas pueden enriquecer la esfera pública de la Sociedad Civil. En ella se lleva a cabo la formación de una voluntad y opinión común de acuerdo con procesos discursivos en los que se debaten problemas, se perciben intereses y se tematizan pretensiones con el trasfondo común del mundo de la vida social.
Todo ello hace necesario también repensar el alcance del concepto de ciudadanía, nacido al socaire de los estados nacionales, puesto que la identidad política no puede construirse en función de la cultura nacional debido a las consecuencias de la globalización y la problemática de las sociedades multiculturales. Como elemento integrador, pero al mismo tiempo superador de las culturas nacionales, Habermas utiliza la expresión de ‘patriotismo constitucional’, que hace referencia a los valores y principios constitucionales, al orden democrático constitucional y no a un determinado texto legal. Yo tengo orgullo de mi patria porque en ella se respetan los derechos y los ciudadanos regimos nuestros destinos sociales, políticos y económicos.

   ÉTICA
Habermas intenta ofrecer una fundamentación racional de la ética. La suya es una ética formal, aún más procedimental que la kantiana. Lo que da validez a una norma es el procedimiento por el que se llega a ella, es decir, por medio del diálogo. Se trata de una ética mínima, pues no establece normas, sino que comprueba su validez. Nos da un procedimiento de evaluación de normas y, en este sentido, se trata también de una ética negativa, porque las pone en tela de juicio. La propuesta de Habermas sería una “criba” (criba-crítica, krínein). Es también una ética universalista porque intenta que sea válida para toda la humanidad.
Su punto de partida no es la conciencia moral kantiana, el deber interiorizado por cada individuo, sino el hecho de la comunicación. En el proceso de la comunicación, hablante y oyente comparten implícitamente nociones morales. En toda comunicación se presuponen las bases de un comportamiento justo y correcto.
Toda comunicación aspira al acuerdo, es decir, al entendimiento y al “ponerse de acuerdo”. Cuando hablamos con otras personas, presuponemos que nos están diciendo la verdad. Cuando haya un conflicto insuperable, los individuos pueden comprometerse a participar en el discurso, que sería aquella situación en la que el conflicto se solucionaría por el mejor argumento, excluyendo la coacción (amenazas) y el engaño. En el discurso la fuerza del argumento vale más que el argumento de la fuerza. El discurso debe ocurrir en una situación ideal de habla. Es decir, una comunicación en la que todos participarían libremente y sin el obstáculo de la coacción. Todos podrían intervenir, y todos podrían argumentar, criticar, justificar. Habrá simetría e igualdad entre los participantes. Si alguno de estos rasgos no se da, podría decirse que el acuerdo no es válido. En el discurso deben participar todos los que se puedan ver afectados por las decisiones que se tomen en el mismo, de forma que se garantice la presencia de todos los intereses.
Para Habermas, “el que expresa un punto de vista moral está suponiendo que expresa algo universalmente válido”. La universalidad se logra en el diálogo, en el discurso, y está implícita en la comunicación. El que usa el lenguaje, lo hace con afán de universalidad y eso no puede ignorarse. “Querer hablar” es aceptar la simetría y la ausencia de represión. El principio de universalidad sería similar al imperativo categórico y se formula así: “únicamente pueden aspirar a la validez aquellas normas que consiguen o pueden conseguir la aprobación de todos los participantes en cuanto participantes de todo discurso práctico.” “Toda norma válida habría de poder encontrar el asentimiento de todos los afectados si estos participasen en un discurso práctico.”
El postulado discursivo de la ética habermasiana significa que el autor alemán opta por una ética formalista que establece procedimientos en función de los cuales los sujetos pueden comprobar la validez normativa de una manera imparcial y universal. De carácter procedimentalista y formal, la ética discursiva lleva a cabo una separación entre la estructura y los contenidos del juicio moral, apartándose de propuestas concretas sobre la vida buena. En resumen, la ética discursiva es una ética de mínimos; mínimas, en efecto, han de ser las normas en las que se revela un interés general de la especie y que atañen a la justicia en las relaciones sociales.
Después de la crítica de Nietzsche se pierde la confianza en la razón como fundamento de la moral. No se cree que la conciencia moral pueda lograr normas universales, tal y como Kant creía. Para recuperar esta posibilidad, Habermas traslada la fundamentación de la moral de la conciencia moral del sujeto a la comunidad de habla.

Copiado, reestructurado, ampliado y modificado a partir de: http://filocervantes.blogspot.com.es/ y


VOCABULARIO

- Carácter dialógico: Propuesta habermasiana de cambio de la razón tradicional por una razón dialogada.
- Ética de mínimos: normas mínimas en las que se revela un interés general de la especie y que atañen a la justicia en las relaciones sociales.
-Ética negativa: La ética que critica y pone en tela de juicio las normas imperantes.
-Ética procedimentalista: La que se basa en la acción de un diálogo entre los individuos.
-Filosofía analítica: Filosofía que tiene como objetivo realizar un análisis del lenguaje, para mostrar su insuficiencia a la hora de mostrar verdades.
-Lógica normativa: Lógica universal, indiscutible e impuesta.
-Posmodernidad: Corrientes filosóficas que critican la Modernidad entendida como la defensa de una única lógica normativa.
- Patriotismo constitucional: Patriotismo que surge del reconocimiento del individuo de que está en un Estado de derecho real y consensuado.
- Pragmática universal: pretensión de reconstruir la capacidad de los hablantes adultos para insertar oraciones en referencias a la realidad y que sean asumidas por todos.
- Principio de universalidad: Las normas son válidas si son acatadas por todos a partir de un diálogo no coaccionado.
- Propuestas políticas comunitaristas: Visiones políticas establecidas de antemano dictadas por principios ideológicos.
-Teoría de la acción comunicativa: Teoría que pretende cambiar mediante el diálogo la ética, el conocimiento y la sociedad.
- Teoría discursiva de la democracia: Considera que el elemento configurador de la comunidad política es el nexo racional que suponen las comunicaciones cotidianas, en las que se impone el mejor argumento.





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